Llevaba tiempo pensando en ello, ocurre que sin saber muy bien porqué hay ideas que se cuelan en la mente y ya no puedes dejarlas ir. Algunas de ellas resultan muy factibles, sin embargo otras que conllevan algo mas de dificultad terminan siendo simplemente sueños. A menudo resulta que lo que para uno mismo son nuevas metas, para los demás son locurasya sea por cobardía, pereza, “falta de tiempo” o todo a la vez acaban no realizándose.

En mi caso, lo que me hacía soñar despierta era la idea de cruzar el Atlántico en velero. Todo comenzó en Brasil, a pocas semanas para volver a España cuando me percaté de que realmente quería volver al continente americano para descubrirlo mas a fondo, pero este descubrir tenía que ser lento y disfrutando del camino. Por ello, no me entusiasmaba el hecho de llegar a América en un abrir y cerrar de ojos, el viaje tenía que comenzar desde la puerta de casa.

Como he comentado antes, lo que para uno son metas para otros son locuras. Así que intuyendo la reacción de los demás, se me hacía difícil exteriorizar lo que llevaba ya tiempo imaginando.
Lo que suele ocurrir es que hasta que no lo compartes, no parece tan real; únicamente eres tú quien lo sabes y es en el momento en que comienzas a contarlo que empieza a tomar forma.

Es curioso como inconscientemente se elige a ciertos amigos y familiares y no a otros para contar según qué cosas. Cada persona es diferente y puedes llegar a imaginar qué tipo de reacción tendrán ante tu nuevo plan. Cuando me decidí por fin a revelar mi idea, sin darme cuenta fui comentándolo a cuenta gotas a aquellas personas que creía que podían entender lo que pensaba. Una vez recibes unas cuantas afirmaciones y ánimos, parece que esto te llene de energías para seguir contándolo aún sabiendo que los demás no lo van a comprender e incluso, sin maldad, van a intentar echarte atrás. Lo bueno es que muchas veces hay gente que te sorprende positivamente con su respuesta.

La verdad que las condiciones no podían ser mejores: 26 años, recién egresada, crisis en España. Desde mi punto de vista esto significa primero de todo que dispongo de salud y tiempo, sin compromisos que me aten a quedarme en mi ciudad, no tengo ni hijos ni trabajo ni deudas. Y segundo, que la crisis lo único que ofrece son condiciones de trabajo inaceptables, salarios bajísimos y horas extra gratuitas, si es que se tiene la “suerte” de poder firmar un contrato. El panorama actual en el ámbito de la arquitectura en España es muy poco estimulante, ahora es cuando podemos aprovechar para buscar opciones fuera del país.

Fiesta de despedida con amigos

 

Cuando hablaba de ello con amigos, muchos me decían que también les gustaría aventurarse aunque siempre existía un “pero”. Para la mayoría, las razones eran el tiempo o el dinero. Bajo mi punto de vista cada uno elige qué hacer con su tiempo y sobre el dinero… que se puede vivir con muy poco y se puede ir haciendo por el camino. Si realmente no se apuesta por ello es porque no es una prioridad. Cuando le conté el plan a Max a principios de año, reaccionó con una mueca de incredulidad y compasión: “¿qué le está rondando por la cabeza ahora?”. Él hacía unos meses que había vuelto de un viaje de un año por Latinoamérica y ya estaba pensando en volver a irse en marzo, así que comenzar a viajar en octubre le parecía muy tarde. Pero poco a poco le fue entusiasmando mas el plan y decidió apuntarse conmigo.

No fue difícil tomar la decisión, una vez segura y recién terminada la universidad, billetes a Canarias y ¡a probar suerte! Aun recuerdo cuando la frase de mi madre cuando le dije que ya tenía los billetes, “ah, ¡¿pero iba en serio?!”

Estación de tren, Castellón

 

La primera gran meta de esta travesía fue encontrar un velero. Todo sucedió muy rápido, fue al llegar al puerto después de pasar unos días visitando el interior de Gran Canaria. Estábamos comprobando si continuaba nuestro anuncio en el tablón cuando Jerome, propietario de No Stress, comenzó a hablar con nosotros. Él simplemente curioseaba los carteles ya que tenía su tripulación completa, sólo que su última persona a bordo todavía no había confirmado asistencia. Empezamos a hablar y sin saber muy bien cómo ya estábamos dentro del barco. No nos lo podíamos creer, tanto que no nos atrevíamos ni a contarlo.

Barco No Stress

Resulta que topamos con una embarcación muy bien preparada para largas travesías, muy fiable. Un Amel 54 Super Marabu del año 2004 con 17,20m de eslora y 4,80 de manga. Muchos metros de cubierta útil, una amplia bañera protegida por un toldo y un colchón 2x2m comodísimo detrás de cada uno de los dos mástiles, quedando todavía un gran espacio en proa.

El barco es autosuficiente. Obtiene electricidad a partir de paneles solares y, en caso de necesitar mas energía, cuenta con un generador que carga rápidamente las baterías. Dispone de agua gracias al potabilizador que genera 100 l/h de agua dulce pudiendo almacenar hasta 1000 litros, potabilizando a su vez 20 litros de agua apta para consumo.

El interior cuenta con todas las comodidades de una casa. Tiene 4 camarotes (7personas) y dos baños. En la zona común hay un amplio salón y cocina. Está totalmente equipado con lavadora, secadora, lavavajillas, microondas,televisiones y un equipo de sonido buenísimo.

Y como extra, lleva una embarcación de apoyo semirígida AB de casi 6 metros con 60 caballos de motor.

Gaia, Jerome y yo

La tripulación la formamos Jerome, franco-brasileño con gran experiencia en el mar; Charly, inglesa que desde hace unos años se dedica al mundo de los barcos ya sea en hostelería como navegando; Gaia, italiana con ganas de ver mundo pero que nunca había subido a un barco; Max, de Barcelona con intención de evolucionar en el mundo de la navegación y yo. A excepción de nosotros dos, nadie en el grupo nos conocíamos hasta el momento de subir al barco. Para todos era una experiencia nueva, era la primera vez que íbamos a cruzar el Atlántico.

Al comienzo de la travesía, según la previsión meteorológica teníamos un anticiclón al suroeste de Portugal y se estaba formando una depresión al sur del Caribe. Esto significaba vientos portantes asegurados saliendo de Canarias rumbo a Cabo Verde y tener que estar muy atentos a ver cómo evolucionaba la depresión ya que podía haber riesgo de huracán al llegar.

Gaia mareada

Salimos el 6 de Noviembre a las 11h de la mañana.  Ese mismo día todos nos mareamos excepto Jerome, era gracioso pues al no conocernos no nos atrevíamos a hacer bromas al respecto pero todos percibíamos lo que ocurría. Gaia tardó un poco mas en recuperarse, estuvo unos 3 días sin moverse ni comer.

Lo mas importante de la navegación consistía en ver la meteo, determinar cual era el mejor camino a seguir en función del rumbo y velocidad del viento y evitar las zonas con grandes olas. Para esto, utilizábamos el programa weeterwelt que nos enviaba la previsión actualizada cada 3 días. En lugar de utilizar spinaker, salimos con el génova y la baluma desde Canarias, de 71m y 76m respectivamente y, a excepción de la baluma que se nos cayó accidentalmente, no utilizamos ninguna vela mas. Nuestro trabajo fue únicamente enrollar un poco las velas si subía el viento y estar atentos por si éste rolaba para cambiar el rumbo unos grados, el piloto automático hacía el resto.

Desde Canarias hacia Cabo Verde

Los primeros 4 días fuimos dirección Cabo Verde, no teníamos intención de hacer parada pero si surgía cualquier problema en el camino siempre teníamos esa posibilidad. A partir del quinto día cambiamos rumbo a oeste para ir directos hacia el Caribe.

En menos de una semana, ya estábamos habituados tanto al barco como al mar y la meteorología no podía ser mejor, sol en todo momento y olas de 1 a 2 metros. Ademas nos íbamos conociendo cada vez mas, la convivencia iba mejorando con los días.

Una vez transcurridos 10 días, nos encontramos en el punto de no retorno, lugar mas alejado de la costa no en lo que a millas se refiere sino a que tardaríamos el mismo tiempo en llegar a la costa de Cabo Verde como a la isla mas cercana del Caribe. Retroceder significaba navegar haciendo bordos debido al viento que recibiríamos por proa y con las olas de frente, a partir de ese momento solo existía la posibilidad de seguir hacia delante. Éramos conscientes de que cualquier problema que no pudiera resolverse insitu, tendría que solucionarse al otro lado del océano.

Jerome y Max arreglando la correa de refrigeración del motor

Justo dos días mas tarde, durante una guardia nocturna Max comenzó a escuchar un sonido extraño, en ese mismo instante se percató de que además estaba saliendo vapor del cuarto de motores. Inmediatamente avisó a Jerome y juntos lo abrieron para ver qué sucedía: la correa del circuito de refrigeración del motor se había roto. Esto quería decir que ya no podríamos hacer uso del motor ni durante la travesía ni al llegar a puerto, lo que supondría en caso de fuerte tormenta apenas tener control de la embarcación. Por suerte había varias correas de repuesto, pero costó día y medio repararlo.

Los últimos días llovió con mas frecuencia, el viaje empezaba a hacerse menos cómodo y las ganas de llegar iban increcendo. A pesar de que en la mayoría de la travesía rondaron los 1,5-2 metros de ola, el oleaje llegó a superar los 3 metros. En mitad del océano, con olas de tal tamaño, todo se mueve incontroladamente y tareas tan sencillas como cocinar, leer o dormir se vuelven bastante complicadas.

A 4 días de avistar tierra, mientras yo hacía guardia en una noche bastante ajetreada de tormenta, subió rápidamente el viento, Jerome empezó a enrollar las velas e inmediatamente después se escuchó un golpe seco. Jerome, Max y yo al salir por cubierta para ver qué había pasado descubrimos que la baluma había caído al agua. Apenas se veía nada, era noche cerrada y había un intenso oleaje y aunque en ese momento seguía lloviendo justo amainó un poco el viento con lo que fue mas fácil recoger la vela. Aquí cometimos un gran error, de noche en plena tormenta nos acercamos los 3 a proa sin arnés, ni chaleco salvavidas, ni avisamos al resto de tripulación que se encontraban durmiendo, las consecuencias podrían haber sido desastrosas pero por suerte no pasó nada. A partir de este incidente, navegamos únicamente con el génova hasta llegar a tierra.

Dingui amenazando con caer colgando por el lado izquierdo
Grieta en el pescante

Cuando salimos de Canarias, todos sabíamos que transportar una embarcación de apoyo de 300 kilos colgando por popa y sujetada por pescantes no era la mejor solución. Teníamos que estar atentos en toda la travesía por lo que pudiera suceder, navegar con olas superiores a 3 metros podían encharcar el dingui suponiendo un gran aumento de peso. Ademas, a mitad de viaje comenzó a formarse una grieta en la base de uno de los soportes, no era un gran problema pues parecía que podía aguantar hasta llegar a tierra. Pero justo 2 días antes de llegar, amaneciendo y con grandes olas, uno de los cables que salían del pescante no soportó el peso y rebentó, el dingui quedó colgando únicamente de uno de los soportes. Rápidamente, Gaia y yo que en ese momento estábamos en cubierta, despertamos a Jerome y con un cabo que llegaba al segundo mástil atamos el extremo del dingui que en ese instante ya estaba tocando el agua. Por suerte, llegamos sin mas sobresaltos a Antigua.

“Cuaderno de bitácora”

Durante todo el viaje tuvimos viento de componente Este casi constante, una media aproximada de 16 nudos cogiendo rachas de hasta 30 nudos en días puntuales, lo que nos permitió navegar a unos 7 nudos de velocidad media, llegando a 12 nudos de velocidad máxima. Nunca tuvimos calmas prolongadas, recorrimos 3000 millas a una media de 175 millas por día. Cuando el viento bajaba, solo ocurrió unos 3 días y normalmente a mitad de la noche, encendíamos el motor. No es que tuviéramos prisa, pero como salimos a principios de Noviembre y la posibilidad de encontrar tormentas era mayor, cuanto mas tiempo pasáramos en el mar mas probabilidad de tormenta había.

La travesía en general fue bastante calurosa, al principio soportable pero en cuanto nos aproximábamos al Caribe ya se hacía difícil pasar las horas de sol en cubierta. Para que os hagais una idea, la prenda mas usada y preferida por todos fue el bañador.

Bajo mi punto de vista tuvimos un tiempo muy favorable, si bien es cierto que no tengo con qué comparar pues ha sido mi primera experiencia de este tipo. Según se comenta ha sido una travesía ligeramente menos amable comparada con otros años pues no es común alcanzar los 4 metros de ola.

Aunque tuvimos una serie de episodios que de no haberlos resuelto a tiempo podrían haber causado algún que otro susto, se podría decir que apenas tuvimos problemas en todo el viaje. Exceptuando estos tres incidentes, el trayecto fue tranquilo y de disfrute total. No hubo ninguna discusión entre la tripulación en los 17 días de trayecto.

Tripulación comiendo juntos

Así que esta travesía que yo únicamente imaginaba en modo náutico, ha resultado tener dos grandes complementos, uno es la convivencia y el otro la vida interior que desarrollas con tanto tiempo para ti.

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Navegar se vuelve fácil en ausencia de peligros directos y con viento siempre a favor. Convivir con personas que no conoces en un espacio tan reducido por 17 días parece casi un reality show, sientes cada una de las 24 horas del día y todo se intensifica. Son perfectos desconocidos, cada uno con sus virtudes y manías, personas con las que vas a compartir cada momento del día sin apenas disponer de un lugar privado donde descansar a solas. Y a esto se suma que dispones de cada segundo del día para hacer lo que quieras (o puedas). Realmente, pocas ocasiones se encuentran en que dispongas de todo el tiempo del mundo para ti sin distracciones durante tantos días seguidos.

Personalmente ha sido un placer el haber cruzado el Atlántico navegando. No tenía idea de cómo sería y ha resultado ser una experiencia fantástica. Ha sido un reto personal del que me siento muy contenta de poder haberlo hecho realidad.

Gran Canaria
Antigua

Gran contraste de paisajes, salir de la árida isla de Gran Canaria, pasar 17 días en alta mar y llegar a las fértiles tierras Caribeñas. Tuvimos suerte de llegar cuando anochecía pues la sorpresa fue doble, emoción máxima al vislumbrar tierra a lo lejos y empezar a ver los primeros signos de civilización, y nueva sorpresa al despertar y subir corriendo a cubierta con la ilusión con la que corre un niño para llegar a sus regalos de reyes para descubrir el nuevo escenario que nos espera, “será verde?”, ” habrá montañas?”. Un cúmulo de sensaciones que no se pueden contar, se han de vivir.

Es interesante contrastar la cantidad de visiones diferentes que puede tener este viaje. La travesía del Atlántico está cargada de significados. Lo que para Colón fue el camino mas corto para llegar a las Indias, en realidad resultó ser el descubrimiento del nuevo mundo para la vieja Europa. Mas tarde, significó el camino hacia la muerte para millones de esclavos. No hace mucho, muchos emigraban para hacer las Américas en busca de nuevas oportunidades para buscar trabajo. En pleno siglo XXI, inquienta el pensar que para mi ha sido un privilegio, un capricho, un viaje de ocio.

En mi opinión hay dos tipos de experiencias, las que disfrutas al máximo mientras la vives o las que recuerdas con muchísimo entusiasmo una vez ha pasado el tiempo. Me atrevería a decir que la travesía del Atlántico forma parte de las segundas.

Arquitecta y patrona apasionada por los viajes de exploración y con gran curiosidad por el mundo del turismo y la aventura. Doy a conocer el mundo del viaje desde otra perspectiva, como proceso de autoconocimiento y reflexión en busca de un estilo de vida mejor; con la firme intención de motivar e inspirar a todos aquellos indecisos.
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