Harry Browne define la libertad como “la oportunidad de vivir tu vida como tú quieres vivirla”.

¿Te gusta lo que haces? Es cómodo y fácil culpar al entorno más cercano acerca de nuestras propias decisiones. De hecho, lo mas probable es que ese entorno sí haya dirigido tu camino en la dirección que estás llevando. En la mayoría de casos, deberíamos estar muy agradecidos por haber sido orientados, ¿te imaginas que nunca te hubieran aconsejado sobre qué hacer o cual son las mejores opciones?¿Cómo serías ahora si desde pequeño nunca te hubieran guiado? Si no te hubieran inculcado el esfuerzo ni la voluntad, si no te hubieran mostrado los beneficios de la educación y el desarrollo personal.

Los demás siempre te aconsejarán sobre lo que deberías hacer y lo qué sería bueno para ti. Es bueno escuchar, sobre todo si te llevan unos años y ya han pasado por esas etapas. Pero lo más importante es escucharte a ti mismo. Tienes que conocerte para saber qué te hace feliz y de lo qué eres capaz de hacer. Los demás se basan en sus propias vivencias y objetivos, no en los tuyos. Aunque su voluntad sea buena, no conocen tus inquietudes, personalidad o deseos.

Nos hacen elegir a edad muy temprana, muy limitados en referentes y sin apenas conocer alternativas diferentes al entorno conocido. Decidimos sin tiempo ni un entendimiento amplio de las distintas posibilidades y además sabemos muy poco de nosotros mismos. Actuamos en base a dos criterios, experiencias propias de las cuales ya conocemos las consecuencias o por hábito confiando en elecciones de otros que consideramos como buenas.

Elegir sin referentes, es como caminar a ciegas, confías en lo que te cuentan que hay ahí fuera. Hay personas que tienen muy claro lo que quieren, pero no es común, la mayoría no lo sabe. Es normal que elijamos confiando en el criterio de otros, como consecuencia corremos el riesgo de equivocarnos.

Si queremos ir al pueblo, a 30 minutos al sur de la ciudad, pero por despiste cogemos el camino que nos lleva al oeste, no tiene sentido que continuemos, cuanto más tardemos más lejos del pueblo estaremos así que saldremos en la próxima salida para tomar el camino correcto, ¿no es así? Tenemos muy claro que ante un error, hemos de cambiar y buscar solución. ¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestra vida?

 

“Cuando confíes en ti mismo, sabrás como vivir” Goethe.

 

Uno de los mayores impedimentos para encontrar nuestro estilo de vida es que no sabemos lo que queremos, no hemos invertido el tiempo suficiente para conocernos. Es común que tras años trabajando en lo mismo o adoptando un rol determinado, las personas se conformen y adopten como suyo ese rol determinado, como por ejemplo como ingeniero en una gran empresa o la madre que se queda en casa para cuidar a su familia.

Romper con ello es muy complicado. Por un lado, la presión social hace que no nos atrevamos, nadie entendería el cambio. Por otro, es cómodo y agradable saber hacer tu trabajo y cuesta dejarlo para comenzar de nuevo. Entonces, ¿nos permitimos aceptar lo que realmente nos importa o decidimos en función de lo que deberíamos querer?

Acostumbramos a negar la realidad. Descubre lo que te gusta. Buscar fuentes de inspiración ayuda para ver que no estás solo. Hemos de empoderarnos, buscando referencias vemos en otros lo que nos gustaría, y si ellos lo hacen, ¿por qué nosotros no? Serían algo así como el hermano mayor que abre camino al pequeño. Si él puede, tú también.

Gracias a webs como Linkedin podemos seguir la trayectoria de aquellas personas que nos motivan, vemos sus proyecciones, lo que hicieron para llegar hasta donde están y hasta cuales son sus pasos actualmente. Todos nos hemos sentido influenciados por otra persona alguna vez. Búscala, mira su trayectoria, ¿hay alguien a quien admires? Descubre sus pasos, nunca antes fue tan fácil.

 

 

Ruth Chang comenta en la charla Ted: “Cómo tomar decisiones difíciles” que al enfrentarnos a elecciones difíciles, no deberíamos preocuparnos por qué alternativa es mejor. Quizá no haya “mejor alternativa”. En lugar de buscar razones fuera, deberíamos buscar nuestras propias razones: ¿Quien pretendo ser? Las personas que en las elecciones difíciles se dejan llevar permiten al mundo escribir la historia de su vida. Se deciden por la opción fácil abrazando los mecanismos de recompensas y temiendo sus castigos. Sin embargo, las elecciones difíciles determinan la persona que somos.

He comenzado el artículo con una cita de Harry Browne de su libro: “How to be free in an unfree world”, el cual recomiendo enormemente. En él hay un capítulo en el que habla de la trampa del tiempo invertido:

Trata sobre porqué no cambiamos una situación actual por haber invertido ya sea tiempo o dinero en ello anteriormente. Nos sentimos “encarcelados” en una situación que no deseamos por el simple hecho de haber destinado lo que nosotros consideramos importante (tiempo, dinero,…). Parece que si cambiamos, lo echemos todo a perder.

Piensa por un momento que eso nunca hubiera pasado, ¿elegirías estar donde estás ahora? ¿continuarías por el mismo camino? Yo estudié durante 8 años para obtener el título de arquitectura. Hacia el final de la carrera ya no estaba del todo segura de llevar el estilo de vida que me iba a proporcionar. Nada más terminarla, inicié un viaje para reflexionar y cuestionarme por donde quería continuar. Solía escribir en una libreta: “¿Qué quiero?” “¿Qué me gusta?”

A los meses me percaté que sin darme cuenta trataba de engañarme, siempre aparecía la palabra arquitectura en la lista. Pero no me daba cuenta de que aún estando sola y siendo ese escrito únicamente para mi, estaba muy condicionada por lo que debía querer.

Realmente no convencía el estilo de vida del arquitecto trabajando en un estudio: el pasar 8 horas sentada de lunes a viernes, solo disponer de 3 semanas al año para disfrutar de un tiempo libre contínuo, trabajar diseñando megaconstrucciones o simplemente robarle terreno a la naturaleza para sustituirlo por hormigón sin razón de peso.

He de admitir que la crisis ayudó, no había trabajo y si lo entontrabas, pasabas horas y horas trabajando por un salario ridículo. Obviamente sí hay aspectos de la arquitectura que me encantan, hay proyectos interesantísimos y el ambiente de trabajo es muy bueno. Pero me di cuenta que era feliz de otra manera.

Trabajar en un estudio implicaba tener que vivir en una ciudad y todo lo que ello conlleva. Yo siempre había vivido en ciudad y al salir y viajar, descubrí que había otros estilos de vida con los que estaba mucho más a gusto. En la ciudad ya no sigues tu institnto, todo está reglado por relojes, nunca hay tiempo, te incita a un consumo desmedido y la naturaleza queda relegada a un segundo plano o desaparece, ya nadie se acuerda del sol, el aire, las estrellas, … ¿Qué es lo que realmente hacía que me despertara cada mañana con ilusión?

En lo alto del mástil

Durante el viaje descubrí que lo que yo realmente anhelaba era un estilo de vida diferente, quería un contacto directo con la naturaleza, valorar mi tiempo, retos diarios y horizontes cambiantes. Pero yo nunca lo había experimentado antes, ¿cómo iba a saberlo? Esto me recuerda a un fragmento del libro Ikigai de Sebastian Marshall:

“El problema, el gran problema que la mayoría del mundo tiene es que mucha gente no tiene ni idea de cual es su pasión. […] la gente espera que su pasión los golpee en la cabeza algún día. No creo que puedas sentarte y pensar en lo que quizás te gustaría hacer y luego despertar inspirado un día. Esto es lo que veo en personas que no tienen inspiración, piensan que van a solucionar ese problema haciendo una cuidadosa búsqueda de lo que podría inspirarlos. Y entonces, una vez lo encuentren, tomarán mucha acción. No. […] piensa que si tienes 10 intereses, 20 intereses… si intentas crear realmente un trabajo significativo en cada uno de esos campos, probablemente descubrirás que la mayoría en realidad no te gustan, y te quedarás con tres o cinco que realmente disfrutas, […] esa es la fórmula para descubrir todas las pasiones, experimentar lo que te interesa para ver si te satisface. La pasión rara vez golpea cuando estás sentada y contemplando.”

Escribe una lista con las cosas que te gustan, que te hacen feliz. Intenta que no se cuelen las cosas “que deberían gustarte”. Al principio es difícil no confundirlas, a mi me pasaba continuamente. Pruébalas, no es fácil ir contracorriente pero vale la pena. Tienes dos opciones, quedarte como estás o apostar por lo que quieres.

¿Y a ti? ¿Qué es lo que realmente te hace despertar cada mañana con ilusión?

 

Arquitecta y patrona apasionada por los viajes de exploración y con gran curiosidad por el mundo del turismo y la aventura. Doy a conocer el mundo del viaje desde otra perspectiva, como proceso de autoconocimiento y reflexión en busca de un estilo de vida mejor; con la firme intención de motivar e inspirar a todos aquellos indecisos.
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